martes, 16 de marzo de 2010

Se habla mucho de desconectar. No desconectarse del mundo sino de tí mismo, desconexión mental, que así la llamo yo. Un estado en el que dejas que la mente fluya y se expanda cómo, donde y cuando quiera. Que crezca sola. Sin tu compañía. Pero se presenta un problema, y es que cuando os volváis a encontrar, puede que no estéis en el mismo punto. Pues no es un problema, sino una dulce tragedia, el poder aprender y crecer desde dos puntos distintos hacia dos metas completamente diferentes. Y es aquí donde vuelve la desconexión, porque a pesar de ser fantástico lo de las dos fuentes de aprendizaje... termina por explotar, termina por escaparse de lo que podemos aguantar.
Y de nuevo, la desconexión.
Por eso no sé dónde me encuentro, pero tampoco quiero un mapa para encontrarme, que me gusta estar perdida (en cierto modo), eso de no ubicarnos a veces es mejor de lo que podemos llegar a pensar. Y por eso llevo tiempo comportándome de un modo extraño, buscando-me.
Quiero que la próxima vez que tenga algo que decir, sea algo de verdad. Definitivo para mí en ese mismo instante, que dure hasta el próximo viaje al espacio. Esos que hacen mi cuerpo y mi mente por separado,
Buen viaje.

1 comentario:

  1. Estoy leyendo esta entrada con Copenhague de fondo. He vuelto a leer y releer hasta que ha acabado la canción.Hace tiempo pensé una cosa parecida. Y es verdad lo de que realmente todos pensamos que hay que desconectar del resto de la gente,del mundo, y de todo,y sí,puede ser que funcione a veces, pero otras muchas va a dar igual mientras sigas enchufado a tí todos los días y tooodas las horas de tu vida.

    ResponderEliminar